viernes, 5 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 04: Pedro Iglesia

"Tú eres Pedro, y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16,16)

Leer: Mt 16, 13-20

13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». 14 Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». 15 Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
16 Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». 17 Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
18 Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. 19 Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
20 Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Reflexión

¿Sabías que la Iglesia no es sólo el edificio donde vamos a Misa, ni la Institución que forman el Papa, los obispos y los curas? ¿Te das cuenta que, por ser bautizado-bautizada, formas parte de la Iglesia?

     La Iglesia es el Pueblo de Dios… Todos los bautizados somos Iglesia. Esa misma Iglesia de la que habla Jesús al darle a Pedro la responsabilidad de dirigirla… Esa Iglesia, construida sobre Pedro, “la piedra”, sobre la que los poderes del Infierno no podrán con Ella…

     Un día Jesús oyó a Pedro decirle: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”… y Jesús le dijo a Pedro: “Tú eres Pedro, y sobre esta “piedra” edificaré mi Iglesia”.

     Iglesia significa Asamblea. Una asamblea es, en realidad, una comunidad de personas que, creyendo en Cristo Jesús, el Mesías, se reúnen y oran juntos y comparten el pan, y comparten también sus alegrías y sus tristezas, sus penas y sus glorias, sus triunfos y sus fracasos. Una Comunidad en la que todos sus miembros se ayudan mutuamente, que están unidos por el amor de Dios… que buscan la felicidad apoyándose mutuamente.

     Nuestras parroquias pretende ser justamente eso: Una gran comunidad de creyentes unidos por el amor…


     ¿Quieres tú también amar a los demás?

Catequesis Petrinas, 1ª Parte: San Pedro Apóstol
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2013

jueves, 4 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 03: Pedro Apóstol, Discípulo y Misionero

"Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Nueva..." (Lc 9,6)

Leer: Lc 9,1-6

1 Habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. 2 Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, 3 diciéndoles: «No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno. 4 Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. 5 Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies, como testimonio contra ellos».
6 Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

Reflexión

     Hace seis años, los obispos de toda América Latina en una gran reunión en Brasil, tras sesudas charlas y consideraciones nos dijeron a los cristianos: “¡Somos discípulos y misioneros!”… E inauguraron la Gran Misión Permanente de América Latina.

     ¡Wow! Se supone que todos los cristianos, los bautizados, somos “discípulos y misioneros”, y tenemos que dar testimonio del amor y la misericordia de Dios en el mundo… ¡Esto es genial!

     Pero… ¿qué significa esto? ¿Estoy dispuesto, como discípulo que soy, a conocer a Cristo? Y como misionero ¿estoy listo para llevar el evangelio a los demás?

     En una ocasión, Jesús se levantó, llamó a sus doce apóstoles y les dio una serie de instrucciones, y los envió a predicar la Buena Nueva. Y Pedro iba con ellos. Y les dio poder sobre los demonios y para sanar enfermedades.

     Nosotros, los cristianos, como Pedro y los demás apóstoles, también nos ha sido dado el poder sobre los demonios (egoísmo, soberbia, maltrato, odio, entre otros) y nos dio poder para sanar enfermedades (apatía, depresión, corrupción, infelicidad, desamor, entre otras)… ¿Te habías dado cuenta?

     Pidamos al Señor hoy, a través de esta reflexión, que nos conceda humildad para aprender de Cristo a través de su Palabra, y nos de la generosidad que necesitamos para ser verdaderos misioneros en nuestra propia casa, comunidad y parroquia…

Catequesis Petrinas, 1ª Parte: San Pedro Apóstol
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2013

miércoles, 3 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 02: Pedro Llamado

Leer: Lc 6,12-16

12 En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
13 Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: 14 Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, 15 Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; 16 Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Reflexión

     ¿Has escuchado la voz de Dios? ¿Has guardado el suficiente silencio para oírlo?

     Nuestra fe cristiana, siguiendo el mensaje de Cristo y de acuerdo con la experiencia histórica de la Iglesia, da cuenta de un Dios amoroso y misericordioso. No se trata de una fe de seres humanos que buscan a Dios, sino de Dios que nos busca y nos encuentra… nos sale al paso, en el camino. Y nos llama.

     Y Pedro, el Pescador, fue llamado. Un día, ante muchos discípulos, Jesús quiso elegir a un grupo especial: sus amigos más cercanos. “Y llamó a los que quiso”. Y entre ellos estaba justamente Simón, llamado Pedro.

     Si te fijas bien, Ninguno de los Apóstoles ha tenido que buscar a Jesús, en cambio, a todos ellos Jesús se les ha puesto de frente, cara a cara; y a cada uno de ellos les ha dicho, “sígueme”.

     Y lo más interesante es que todos han tenido la gran oportunidad de decir “Sí” o “No”.

     Vivir la fe que nos propone Cristo implica dejarse encontrar por Dios, escuchar su voz y, libremente… sí, libremente, decir “Sí”… o “No”.


     ¿Cuál es tu respuesta como cristiano?

Catequesis Petrinas, 1ª Parte: San Pedro Apóstol
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2013

Corpus Christi: Pan de Vida, Alianza Eterna


Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
La Palabra del Día
·         1ª Lectura: Ex 24, 3-8. Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros.
·         Interleccional: Sal 115. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
·         2ª Lectura: Hb 9, 11-15. La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia.
·         Evangelio: Mc 14, 12-16. 22-26. Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre.

La Solemnidad
   Eucaristía es Alianza, Banquete, Memorial y Sacrificio. Dios hizo una alianza en el monte Sinaí con su pueblo y este prometió cumplir su voluntad (1 Lect.). Banquete: Jesús en la Cena pascual instituyó la eucaristía como nueva y eterna alianza (Ev.). También es Memorial, en tanto que al revivir este acontecimiento, invocamos el nombre del Señor, puesto que así nos libera nuevamente (Salmo). El sacrificio de Cristo borra los pecados y nos lleva al verdadero culto (2 Lect.). (Misal Diario, Almudi.org). El Cuerpo y la Sangre del Señor nos purifican de todos nuestros pecados y nos dan la vida haciendo real y visible la alianza de Amor del Señor. (Misal Diario, Pan de la Palabra).

El Cuerpo de Cristo y su Sangre: Eucaristía
Los cristianos-católicos tenemos una realidad sobrenatural muy especial. Se trata de un regalo a la vez espiritual y material. La Eucaristía, el sacramento de nuestra fe. Eucaristía que también significa “Agradecimiento, Acción de Gracias”. Se trata entonces de la actualización, es decir, traer al hoy, revivir, el momento sacratísimo en que “Cristo, nuestra Pascua, se inmola”, se sacrifica a sí mismo para la salvación de muchos (ya hemos dicho que ese “muchos” implica “todos”). Como en antiguo, Jesús ofrece ya no la sangre de un animal, para ofrecer su propia vida, su Cuerpo, signo de todo lo material, signo del universo mismo, el polvo de la tierra y el agua, que mezclados son el “lodo” síntesis de todo lo creado, para formar algo nuevo: el ser humano. Y también ofrece su Sangre, signo de aquél soplo divino que nos dio vida, sólo que esta vez la vida se nos otorga en abundancia, eterna. Y todo por amor. No hay otra razón.

     Este Acontecimiento lo celebramos día a día, cada vez que un ministro ordenado celebra con nosotros y preside la Santa Misa. De modo muy especial el domingo, día del Señor. Nos preparamos, charlamos con Dios a través de su Palabra, ofrecemos los dones de nuestra propia vida, simbolizada en los frutos de nuestro trabajo, para que, ya en el altar, el Sacerdote los consagre al Señor y realice ese milagro y misterio supremo de convertir el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre, para después de elevar súplicas, agradecimientos y oraciones podamos unirnos como una gran familia aclamando a Dios como nuestro Padre que está en el Cielo, y uniéndonos a Cristo y a toda la Iglesia Universal por medio de la Sagrada Comunión, el momento en que nos hacemos uno con Cristo: un solo Dios, un solo pueblo, un solo corazón, una sola fe.

     Ya lo hemos dicho antes: Eucaristía que es Alianza (trato y contrato con Dios), Banquete (Un solo pan, bajado del Cielo, que compartimos en la unidad), Memorial (renovación, real, suprema y efectiva de nuestro rescate y salvación) y Sacrificio (Ofrecimiento a Dios de algo tan estimable para nosotros, que entregamos por amor al que nos ama).

Dos alianzas, Una Sola Alianza
     La Sagrada Escritura nos reporta varias alianzas de las que destacan dos fundamentales: una con el pueblo que Él mismo ha elegido para sí, para hacer patente su poder, su amor y su misericordia; un pueblo con el que establece una relación muy clara: “Yo seré tu Dios, tú serás mi pueblo”, que se sella con un decálogo al que el pueblo responde: “Obedeceremos, haremos lo que el Señor nos pide”. Se trata de una alianza que marca el caminar y la historia particular de este pueblo, y que parte justamente de un acontecimiento liberador: de la esclavitud a la libertad. Pero es una alianza temporal, preparatoria, por así decirlo, de una Alianza nueva y eterna, única.
Para luego, en el culmen de la historia, Dios mismo, ya no a través de un hombre –Moisés- sino por Él mismo, Jesucristo que es el Verbo Encarnado, el Dios-con-nosotros, quien establece este pacto fundamental ya no con un solo pueblo, sino con la humanidad entera que, a partir de ese momento es el Pueblo de Dios por excelencia.

     Ya no es solamente un “yo seré tu Dios, tú serás mi pueblo” sino un “por amor te he liberado de una esclavitud más cruel y destructiva, la Esclavitud del Pecado que ha producido en ti, ser humano, la peor de las destrucciones, la Muerte; estás liberado y sólo tienes que, en tu libertad, aceptarlo y vivir como persona libre, sin ataduras”.

     La Alianza Nueva y Eterna que se establece de una buena vez y para siempre. Dios mismo se ha inmolado a sí mismo para nuestra salvación. Ya no son necesarios mayores sacrificios.

El Banquete de la Cena del Señor
     Y ambas alianzas se dan en el contexto de banquetes. La comida familiar que nos une, que nos ayuda a convivir, a encontrarnos en el amor con el Amor.

     Y vaya que los mexicanos somos “amantísimos” de las comidas y, casi en toda reunión siempre está presente el elemento comida, que implica también un compartir lo mío contigo. Y quizá esté aquí la esencia del “banquete”: compartir la vida misma, el fruto del trabajo del hombre que no es exclusivamente mío, sino que te lo participo y te invito a que tú también lo hagas tuyo. El compartir la comida es así: doy de mí para ti. Creo que en México, como en muchas partes del mundo, después de la ofensa materna, la segunda peor ofensa es rechazar sin motivo este compartir los alimentos.

     Por eso, estas alianzas, y con más claridad todavía la Alianza Nueva y Eterna se presentan dentro de un banquete y se convierten en un banquete, más espiritual, más puro y más cercano a Dios. Ya no es inmolar y destazar un cordero para compartir, sino Dios mismo que se ofrece como alimento eterno, celestial, espiritual y puro, para concedernos lo que el alimento debe proveernos, sanidad.

     Desde la fe, esta sanidad implica vida en la santidad y para la santidad. Por eso, Cristo, el Señor, se ofreció a sí mismo: para que tú y yo tengamos vida y la tengamos en abundancia, y así podamos alcanzar nuestra felicidad, la santidad. Santidad que no se logra de la noche a la mañana, y que tampoco consiste en ser “buenito”, sino en vivir un proceso constante de conversión en el amor y para el amor.

El Memorial del Amor
     De aquí que podamos afirmar que la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre de Cristo ofrecidas en sacrificio por nuestra salvación, sea entonces un Memorial. Memorial es algo más real y complejo que un simple recuerdo. Recordar es traer a mi mente la imagen de aquél suceso que ha dejado una huella, buena o mala, en mí.

     Memorial es actualizar, hacer real, nuevo y nuevamente un acontecimiento, y en este caso el Acontecimiento Salvífico. Esto es, al celebrar la Eucaristía, no estamos recordando los hechos y dichos de Jesús para salvarnos, sino que los estamos viviendo nuevamente, en la realidad, en el aquí y ahora. No se trata solamente de un evento perdido en la historia lejana y arcana de la humanidad, sino algo que está sucediendo hoy. Ahí en el altar, cada vez que celebramos la Eucaristía, “cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz” Cristo se vuelve a ofrecer en sacrificio por nuestra salvación.

     Por lo tanto, celebrar la Eucaristía, la Santa Misa, no es solamente un precepto, una ley, o un rito absurdo hoy día. Sino una vivencia que nace desde lo más hondo de nuestro ser y desde el fundamento mismo de nuestra vida. Celebrar la Eucaristía no es sólo seguir una serie de ritos y formas muchas veces aburridas e incomprensibles, sino un Celebrar realmente, festejar la Vida,  dar “rienda suelta” al Amor, vivir una vez más el gran Acontecimiento de la Salvación “en el que Cristo, nuestra Pascua, se inmola” por amor, por nosotros.

El Sacrificio de nuestra salvación
    Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado, sacrificado. De ahí esta realidad innegable de lo que es la Eucaristía, sin la cual no hay perfecta Eucaristía. El Sacrificio de Cristo. Fundamental, necesario, absoluto. Sin ello, sin el Sacrificio, no habría habido ni Pasión, ni Muerte en la Cruz y mucho menos Resurrección. No habría salvación alguna. Es Sacrificio porque Cristo, nuestro Señor, verdadero Dios y verdadero Hombre es el único sacrifico verdaderamente puro agradable al Señor, nuestro Dios, y lo único que satisface el pecado cometido, que nos ha condenado a la muerte de la que hemos sido rescatados, en el amor y por el amor. Así sea.



Mihi Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, jueves 4 de junio de 2015

Solemnidad de Corpus Christi.

martes, 2 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 01: Pedro Pescador

"No temas, desde hoy serás pescador de hombres" (Lc 5,10)

Leer: Lc 5,1-11

1 Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, 2 vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». 5 Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
6 Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían.
8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». 9 Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; 10 y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 11 Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Reflexión

¿Para ti, quién es Pedro? ¿Acaso un “santo milagroso”? O bien, ¿Un hombre que siguió e imitó a Cristo?

     Pedro Apóstol, amigo de Jesucristo, natural de Betsaida. Nombre original: Simón. Profesión: Pescador.

     Hombre rudo, de trabajo fuerte, lo que no implica que fuera “de pocas luces” o poco preparado. Como todo judío de su época, instruido en la Sagrada Escritura, conocedor de la Ley, hombre de fe, hombre de Dios…

     Sincero, franco y humilde. Duro en el trabajo y en el trato con los demás. Apasionado y un tanto arrebatado.

     Simón es Pescador. Hermano de Andrés, uno de los primeros seguidores de Cristo. Un día, su hermano Andrés le dice que ha encontrado al Mesías anunciado por los profetas. Y Pedro no se la cree inmediatamente… quiere conocerle primero… 

     La pesca del día había sido mala, muy mala… y “este Mesías” le pide subir a la barca y “remar mar adentro”, arrojar las redes y volver a pescar. Simón, desconfiado, no se la cree tampoco, pero lo hace… vuelve a pescar… Y la pesca resulta abundante.

     Y Simón, confundido, humilde aclama a Jesús: “Apártate de mí, Señor, que soy Pecador”…

     Jesús lo mira con afecto, sonriendo, sin burlarse… lo mira y le dice… “Tú eres Simón, y desde ahora te llamarás Pedro…  Sígueme y te haré Pescador de Hombres”… Por eso, desde entonces, a él le llamamos Pedro, el Pescador.

     Ahora que has escuchado un poco de él, de sus inicios… ¿Miras a Pedro como algo mucho más real, más que una imagen que “sale” de procesión cada 29 de junio?

Catequesis Petrinas, 1ª Parte: San Pedro Apóstol
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2013