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domingo, 21 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 2015, 02: “Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,19-23)

"Reciban el Espíritu Santo..." (Jn 20,22)

El Espíritu Santo y la Misión

Desde la Realidad

¡Vaya! Con lo de ayer, pareciera que es muy difícil ser verdaderamente cristiano. Miremos una vez más nuestra realidad.

     Si llega alguien y te pregunta tu religión, seguramente afirmarás, en voz muy bajita, casi con mucha pena, que eres “católico”. ¡Vamos, que ni siquiera dices “cristiano”! porque para muchos, “cristiano” se refiere a “protestantes”. ¡Qué gran error!

     Pero, ¿de dónde sacas que tú eres “católico”? Ah, muy simple: dices que eres católico porque tú sí vas a Misa (bueno, no siempre, de vez en cuando: cuando te nace, cuando te acuerdas, o cuanto te invitan al bautizo, o a la boda, o a los quince años, o a la “presentación” de tres añitos). Dices que tú eres católico, porque tú sí rezas el Rosario (bueno, sólo cuando hay un “difunto bien muerto”). Dices que tú eres católico, porque tú sí crees en la Virgencita de Guadalupe, (eh, no te hagas, si bien que pides la Misa cada 12 de diciembre, en tu casa o en tu capillita, y hasta contratas mariachis, y haces tamales y “pachanga”, que aquí empieza el gran maratón “Guadalupe-Reyes-La Candelaria”).

     Pero, ¿a esto se reduce el ser “católico”? o, ¿sólo en esto consiste ser “católico”?

     Qué sucede con aquello de “ámense los unos a los otros, como yo los he amado”, o con aquello de “ama a tu enemigo”, o aquello de “perdona hasta setenta veces siete”, o aquello de “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”… o peor, qué de aquello de “carga tu cruz y sígueme”

     La respuesta clásica que he escuchado: “¡’No’ombre’! Si eso es sólo para los curas y las viejas beatas”… ¿Será?

     Probemos con la Palabra divina que hoy se nos ofrece.

Proclamación de la Palabra

Escuchen hermanos la lectura del santo Evangelio según San Juan:

19 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a ustedes». 20 Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

21 Jesús repitió: «Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». 22 Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; 23 a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan sin perdonar».

Reflexionemos

     En cierta forma, este pasaje evangélico nos manifiesta algo de la misión de la Iglesia, algo de lo que implica ser “Cristiano-Católico”, que es lo que somos (que no se nos olvide que somos miembros de la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica).

     Primero, se trata de un encuentro muy especial e íntimo, “a puerta cerrada” con Jesús Resucitado; encuentro que provoca en nosotros asombro y alegría. El cristiano debe ser capaz de asombrarse de la presencia de Dios entre nosotros, y debe ser alegre, porque ha de compartir la “alegría del evangelio”, la alegría de ser hijo del Dios vivo, “por quien se vive”.

     Este encuentro, además, nos trae la paz. Una paz que no es lo contrario de la guerra, sino la capacidad humana, donación divina, de hallar su todo, su seguridad y su salvación en Dios, que ama, perdona y salva. Un Dios de misericordia.

     Y es entonces cuando recibimos el gran regalo de Cristo: “Reciban el Espíritu Santo”… sí, este gran desconocido. Pedro lo recibió ese día, el día de la Resurrección justamente. Se trata del mismo Espíritu del que proclamamos en el Credo: “Señor y dador de vida”. El Espíritu de Dios que anima, ilumina, inspira, consuela pero, sobretodo, da vida. Y nos invita a una de las máximas muestras de amor: “a quien le perdonen los pecados le quedarán perdonados”… una bendición la que está llamado a compartir el cristiano-católico. El don del perdón nacido del amor. Un perdón que más que olvidar la falta o la ofensa, la sana, ayuda a asimilarla y a seguir adelante a pesar de las heridas, las que provocamos y las que nos infringen.

     Perdonar es el fruto del amor. El que ama perdona, el que perdona bendice, el que bendice salva. ¿Amas realmente a tu prójimo, a tu semejante? Entonces perdona y pide perdón. La bendición consiste en que la amar y perdonar, abres las puertas del paraíso al hermano.

     De lo contrario “a quienes no perdones, no serán perdonados”, es la maldición que hemos de evitar. Si tú no eres capaz de amar, jamás serás capaz de perdonar, y por lo tanto nunca sanarás ni ayudarás a otros a sanar junto contigo, continuando el terrible círculo vicioso de la violencia, la delincuencia y la cultura de la muerte que impera hoy en día a nuestro alrededor, en nuestra propia patria, en nuestro pueblo, en nuestras calles, y que destroza nuestras familias y, por lo tanto, nuestra vida… así de grave es la falta de perdón.

     Si no perdonas, no salvas, condenas. Y la condenación es la extinción de nuestro propio ser.

     El Espíritu Santo, como a San Pedro, nos invita a vivir esta misión, este servicio a los demás a través del amor y del perdón.

     ¿Puedes decirnos cómo?

Catequesis Petrinas, 2015
San Pedro y el Espíritu Santo
Mihi Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2015


jueves, 18 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 2014, 07: La Unidad, un Proceso de Todos

"Que todos sean uno, como tú y yo, Padre, somos Uno..." (Jn 17,21)

Este año, en la Parroquia, nos hemos propuesto promover el proceso de unidad de la comunidad entera. La unidad es un proceso muy complejo y difícil, porque pretende integrar, en este caso muy concreto a todos los individuos de nuestra comunidad parroquial en una dinámica donde todos “jalemos” parejo. Unidad no significa uniformidad. No se trata de que todos hagamos lo mismo, vayamos “tomaditos de la mano” a todos lados, ni que vivamos exactamente igual… no, eso no es unidad.
     Jesús, en cierta ocasión, según nos recuerda la Palabra de Dios, oró al Padre Celestial: “Que todos sean uno, como tú y yo, Padre, somos uno”. Es decir, según lo explica el gran apóstol san Pablo, reconocernos hermanos, hijos de un mismo Padre, Dios todopoderoso. Sabernos parte del Pueblo de Dios, su Iglesia Santa, que es, a la vez, Cuerpo de Cristo.
     Y también nos dice el mismo San Pablo: El cuerpo tiene diversos miembros. Estos miembros no son iguales entre sí, pero cada uno tiene diversas funciones que ayudan a que el cuerpo entero funcione. Y es verdad. El cuerpo humano tiene diversos miembros con sus propias funciones. Están los brazos, las piernas, los órganos internos, venas, arterias, hígado, riñones, músculos, huesos, piel, vello y cabello, corazón… y cabeza. Imagínate que cada miembro hiciera lo que quisiera… nuestro cuerpo sería un caos, simplemente no podríamos dominarlo ni utilizarlo adecuadamente. Todo nuestro cuerpo tiene diversos miembros y cada miembro hace todo y sólo lo que tiene que hacer, recibiendo su fuerza vital, la sangre, desde el corazón, y es gobernado por el cerebro que es el órgano central que hace que todo funcione adecuadamente.

     Así una familia, así una comunidad, así la Iglesia. Somos miembros de un solo cuerpo, la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo. Nuestro corazón, que bombea cada segundo la fuerza vital para este cuerpo, es la Palabra de Dios, contenida básicamente en la Sagrada Escritura o Biblia. Y todo movimiento, toda acción, toda función, está sabiamente gobernada por nuestra cabeza que es Cristo, nuestro Señor.
     Lograr esta unidad tan deseada de nuestro pueblo implica que pongamos en juego todos los elementos propios de nuestra comunidad: su gente, su historia, sus costumbres, su gobierno, su fe. Y esto hace que este proceso sea muy complejo. Por eso, como Iglesia, tenemos que esforzarnos en conjugar todos estos elementos con cinco columnas muy fuertes: 1) Nuestra gente. 2) La Palabra de Dios entre nosotros. 3) La Celebración de nuestra fe con los sacramentos, principalmente con la Eucaristía Dominical (la Santa Misa de Domingo). 4) La Oración en común, por cada uno de nosotros, unos por otros, todos por todos. 5) Y el servicio, en el cual ponemos nuestras capacidades, virtudes y bondades para el progreso mutuo.
     

     Por todo esto, en estas charlas de novenario, hemos insistido este año en: Primero, volver nuestra vida entera a Dios, sin reparos, sin remilgos, con un poco más de convicción y compromiso, conociéndola, estudiándola, viviéndola, primero en familia, luego en cada sector parroquial para ser verdaderamente una sola parroquia. Pero siempre tomados de la mano de Dios, Dios en nuestra vida, Dios-Con-Nosotros…
     Y, segundo, también hemos insistido, y seguiremos insistiendo, en la primera consecuencia de vivir con Dios presente en nuestras vidas: Dejar a un lado nuestro egoísmo y abrirnos al hermano, al que está a mi lado, a la comunidad, poniendo todos los dones y bendiciones que el Señor me ha dado al servicio de los Demás.
     Oremos pues, hoy, por todos nosotros. Que el Señor Dios, todopoderoso, nos ayude a iniciar este camino de unidad, para que siendo Uno, como Él es Uno con Cristo y el Espíritu Santo, alcancemos la felicidad que dura por siempre. Mañana, nuestra Fiesta Patronal. Hasta el próximo año.

Catequesis Petrinas, 2ª Parte
Comunión: Familia, Comunidad, Iglesia
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2014


miércoles, 17 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 2014, 06: Unidad: buscar el bien común entre vecinos

"No es bueno que el hombre esté solo..." (Gén 2,18)

Sigamos hablando de unidad, sobretodo, unidad en nuestro pueblo y en nuestra parroquia.
     La Familia es un tema de gran preocupación hoy en día. Y este tema podría servirnos para muchos y muchos momentos de reflexión, así, juntos, en comunidad. Quedémonos de momento con las ideas que ya reflexionamos en los días anteriores. Pasemos ahora al siguiente nivel. Nuestros vecinos.
     “No es bueno que el hombre esté solo”, dice la Sagrada Escritura. Y por eso Dios instituye, desde el principio de los tiempos el Matrimonio y la familia. El amor y la unidad familiar prácticamente son esenciales en el ser humano. Pero hablar de vecinos… ah, eso ya es otra cosa. Buscar una cierta armonía, unidad y amor en la familia, bueno… al final nos une la sangre, los mismos genes, etc… pero con los vecinos… ¡uf! Qué difícil puede ser liar con ellos. Gente a la que no conocemos. Han vivido ahí toda la vida, o ya un largo tiempo, o quizá apenas, pared con pared, puerta con puerta. Compartimos un espacio pequeño. Y es muy fácil que haya roces, enojos, engaños, y toda suerte de situaciones que compliquen la relación. Aunque también es cierto que, en ocasiones, se pueden producir entre vecinos amistades tan fuertes y duraderas, a veces hasta más fuertes que con la propia familia.
     Nuestro señor Jesucristo también tuvo que lidiar con sus vecinos, quienes le conocían, sabían quién era su padre y su madre, y sus familiares… la Biblia no nos dice mucho de esto, pero sí nos menciona que cuando Jesús visitó su pueblo, y predicó ante ellos en la sinagoga, a la mayoría no les gustó lo que dijo y quisieron matarle. ¡Vaya que Jesús mismo tuvo que lidiar con sus vecinos!
     En determinado momento de su misión aquí en la tierra, Jesús nos dijo eso de que amar al que nos ama no tiene nada de extraordinario. Y es cierto. Tú amas a tu familia porque, de una u otra forma sabes que hay amor de por medio. Pero, también dijo que eso lo hace hasta el más malvado. Amar al que me ama es fácil. El cristiano está llamado a ir más allá: Jesús nos dice, más bien, ama al que te hace el mal… ¡Qué pesado! Pero cierto. Además, en el Padrenuestro rezamos algo similar, si te has dado cuenta: “Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…” ¿Recuerdas?
     Bien. Aquí está, en parte, el fundamento de la unidad entre vecinos. La convivencia humana no es fácil. Hay muchos intereses de por medio. Tantos intereses como personas conformamos la sociedad. Por eso hay leyes comunes, que nos ayudan a regular todo eso, haciendo que nuestra convivencia sea más pacífica y llevadera.
     Vivir esta unidad vecinal implica que haga un esfuerzo especial: viviendo esas reglas, leyes y normas, pueda compartir mi vida con los demás, en santa paz y armonía. Implica que me dé cuenta que nadie puede estar por encima de la ley. Vivir esta unidad requiere que me dé cuenta que si vivimos el orden establecido, podremos lograr hacer muchas cosas juntos. ¿De qué me sirve llevarle la contraria a los demás? De nada, porque me conduce a la soledad. Y la soledad mata lentamente.
     Así que, dejemos de pelear unos contra otros. Dejemos de echar nuestra basura al vecino; dejemos de juzgar al vecino sólo por lo que vemos y oímos; dejemos de meternos en la vida de los demás; paguemos nuestros impuestos, regularicemos nuestros terrenos y nuestra vida; hagamos a un lado la piratería que tanto daña nuestra economía; exijamos a nuestras autoridades lo que por derecho deben hacer como funcionarios públicos, que es velar por el bien común, no por el propio…
     Oremos a Dios por todos y cada uno de nuestros vecinos, los buenos y los malos, para que, abriendo nuestra mente y nuestro corazón al amor, podamos forjar verdaderas relaciones vecinales de solidaridad, compresión, paz, seguridad y libertad, alcanzando juntos y en comunión el progreso mutuo, el amor fraterno, haciendo realidad el amor y la misericordia de Dios…

Catequesis Petrinas, 2ª Parte
Comunión: Familia, Comunidad, Iglesia
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2014


martes, 16 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 2014, 05: La Familia es Iglesia Doméstica

"Por eso el varón... se unirá a su mujer y serán una sola carne" (Gen 2,24)

Seguimos, este año, promoviendo la unidad de nuestro pueblo y de nuestra Iglesia Parroquial. Decíamos al inicio de estas catequesis, que Iglesia significa “asamblea de convocados”. Somos los bautizados que convocados por Cristo, caminamos juntos, guiados y animados por la luz del Espíritu Santo, hacia la Casa del Padre. Asamblea de Convocados implica que estemos unidos. Esta unidad que comienza justamente en la familia.
     La familia nace de la unión en el amor de dos personas, varón y mujer, que tras descubrirse el uno para el otro, se ofrecen y se dan mutuamente en el amor. Dirá Dios en el principio: “por eso el varón se unirá a su mujer y serán una sola carne”: Una sola realidad en el amor. De este amor, surge la familia y es el principio fundamental de su unidad.
     El esposo y la esposa, reflejan (o deben reflejar) justamente el amor que existe y sale de Dios por la humanidad, y en concreto por su Iglesia. Por eso afirmamos que la Iglesia, más que una mera institución humana, bastante defectuosa por lo mismo, es y será siempre Esposa de Cristo. Y Cristo, a pesar de las infidelidades de su Iglesia, la sigue amando, cuidando y protegiendo.
     Así, papá y mamá, reflejando ese mismo amor se aman, se cuidan y protegen mutuamente. Y a partir de esta realidad, lo hacen también con sus hijos e hijas… es decir… juntos hacen Iglesia. La primera Iglesia, la Iglesia de Casa, la Iglesia Doméstica. La primera vez que Dios se reveló lo hizo como “Dios de nuestros Padres”.
     La familia es entonces, Iglesia Doméstica. La Iglesia, buscando la unidad y conservando en toda su pureza el mensaje de Cristo, nuestro Señor, tiene una jerarquía con funciones muy específicas y necesarias, justamente para procurar la unidad: Santificar, enseñar y regir: para esto están los diáconos y los presbíteros, y esencialmente los obispos y el Papa, todos en comunión. No es una democracia, porque la fe no es cuestión de opinión, ni de decisiones populistas.
     En la familia, se da una relación similar. Papá y mamá cumplen y deben cumplir con fidelidad estas mismas funciones en casa: santificarse mutuamente y santificar a los hijos (¡por eso el matrimonio!), enseñarse mutuamente y enseñar a los hijos, educar, transmitir de generación en generación la sabiduría de la humanidad, en especial, educar en la fe, con pureza y fidelidad. Y los padres también tienen la función de regir, es decir, servirse mutuamente y servir a los hijos gobernándolos con prudencia, santidad y sabiduría. Mandar sobre los hijos no es cuestión de poder, de someter al otro por ser inferior, sino que significa guiar, animar, aconsejar, dirigir por amor y a través del amor para conducir y acompañar a la familia entera a la felicidad.
     Papá y mamá no son ni pueden ser “amigos” de los hijos, justamente por las funciones que Dios les ha concedido. Y los hijos, en virtud del amor y del respeto, deben someterse a la autoridad de sus padres, quienes en la búsqueda de su felicidad, les comparten y transmiten, en el amor, su experiencia de vida, para enriquecer la propia de los hijos.
     Así, en esta organización santificada por su origen divino, y con sus deficiencias y dificultades, por su carácter humano, la familia es promotora de la fe; los padres la transmiten, enseñan a los hijos las primeras oraciones, les enseñan también a amar a Dios y a sentirse amados por Dios… y construyen juntos el Reino de los Cielos.
     Oremos a Dios por nuestra familia, para que imitando el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, y por intercesión de San Pedro, procuremos ser verdadero hogar, Iglesia Particular que, amándose entre sí y aprendiendo juntos a amar a Dios, edifique en santidad, justicia y en espíritu el Reino de Dios en la Tierra…

Catequesis Petrinas, 2ª Parte
Comunión: Familia, Comunidad, Iglesia
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2014


lunes, 15 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 2014, 04. Familia y amor, contra “jauría de fieras salvajes”

"Ser Familia en el amor, estar unidos en el amor, apoyarse en el amor. ¡Esto es lo que Dios pide!"

El primer día, hablamos de dos problemas fundamentales: Fuera Dios, fuera los demás. Luego, dialogamos acerca de que el ser humano vive con otros, con sus semejantes, no está solo. Ayer, miramos a la familia. Hoy, continuemos otro tanto con la familia. Pero la pequeña… la que llamamos “familia nuclear”: padres, hijos, hermanos.
     ¿Sabes que este año, en el mes de Octubre el Papa, junto con varios obispos de todo el mundo, y apoyados por expertos en la materia, harán una reunión especial –se llama Sínodo de Obispos-, con el tema “La Familia”? (Nota 2015: Este año, 2015, será la 2ª parte de dicho sínodo...)
     La Familia nos preocupa mucho hoy en día. Dicen los expertos, que cuando se quiere dominar un pueblo, esclavizarlo y someterlo, sólo tienes que atacar lo más íntimo: justamente, la familia. Y en este tiempo de cambios buenos, pero también de grave crisis humana, la familia es lo más atacado; abundan grandes males y deficiencias que no permiten vivir en toda su intensidad la vida familiar: divorcio, unión libre, hijos abandonados, padres solteros, “matrimonio” homosexual… éstas anteriores, digamos, son deficiencias y malas interpretaciones de la vida familiar y de la libertad humana; pero hay ataques aún más graves: aborto y eutanasia.
     Nuestro mismo gobierno deja de atender estas deficiencias y contribuye a los ataques más graves. La educación sexual que reciben nuestros hijos, nuestros niños y jóvenes, no se da en el respeto a su intimidad, y se hace a un lado temas tan importantes como libertad y compromiso, dejando la sexualidad humana a un nivel meramente animal… sí, así de grave: quieren hacer de nosotros unos animales… que no piensen, que no razonen, que no se den cuenta de lo más grave. Y con ello, quieren cambiar a la familia de una comunidad de amor, a una jauría de fieras salvajes, donde lo que impere sea la ley del más fuerte… así de grave.
     Dicen que nuestro país no avanza por su débil economía, por la falta de trabajo, de dinero, etc… y no… nuestro país ha sido aplastado porque han aplastado lo más íntimo de nosotros, nuestra familia.
     ¿En qué líos estamos metidos, como familia? Primero y más urgente: comer, tener casa y tener vestido. Pero nos han planteado otras necesidades, otra realidad muy falsa y muy denigrante: se busca hacer del amor un juego. El amor se ha reducido, desgraciadamente, a sólo “sentir bonito”. Y de ahí, empiezan a salir todos los demás males.
     Vamos a tocar algunos temas que quizá a muchos de los que estamos aquí nos cuestionen severamente, y quizá hasta nos ofendan. ¡Que conste que lo estamos advirtiendo! Pero tampoco queremos que nos sintamos mal: bien dice el dicho, “a lo hecho, pecho”. Si nos equivocamos en el pasado, no importa, porque aún estamos a tiempo, si tenemos una verdadera voluntad, de empezar a poner remedio a toda esta realidad: tomados siempre de la mano de Dios.
     Aquí hay madres solteras y hasta padres solteros. ¿Cómo empezó todo este lío? Díganme ustedes si no: con un “sentir bonito”, con un “soy libre, puedo hacer lo que me venga en gana”… “me gusta, le entro”… y ¿luego? ¿Cuáles fueron las consecuencias? ¿De verdad, pero enserio, de verdad eres libre hoy?
     Aquí hay parejas que se han separado, o divorciado, o que jamás se casaron, y quienes viven en unión libre. Quizá sea “bonito” vivir sin “compromisos” ni “ataduras”… pero, por vivir el hoy, ¿somos capaces de sacrificar el mañana? Y tu seguridad, y tus sueños, y tus ideales… ¡al diablo con ellos, porque cuesta mucho conseguirlos! Total, ¡mientras “sintamos bonito” hoy… que lo bailado, nadie nos lo quita!
     Aquí hay hijos abandonados. Podrás decir que no, que tus hijos no están abandonados. ¿Enserio? ¿Sabes qué hacen y a qué hora lo hacen? ¿Estás al pendiente de sus necesidades? ¿Sabes lo que desean, cuáles son sus sueños e ilusiones? ¿Conoces a sus amigos? ¿Sabes a quiénes frecuentan? O… mientras te dejen en paz, ¡hagan lo que se les pegue la gana, que para eso son libres!
     Hay mucho en qué pensar, y mucho qué reflexionar…
     Ser familia en el amor, estar unidos en el amor, apoyarse en el amor: ¡esto es lo que Dios pide!, y no otra cosa. Somos seres humanos, no somos animales… somos seres humanos capaces de pensar y razonar, capaces de amar, capaces de decidir nuestro progreso, y estamos llamados a ser felices… no ha denigrarnos, no a matarnos unos a otros por un mendrugo de pan o de placer… somos hijos de Dios y hermanos unos de otros…
     La clave… Cristo la vino a predicar, no sólo de Palabra, sino con su ejemplo: el amor…
     Hoy oremos por nuestra pareja, por nuestro esposo o esposa, por nuestros papás, por nuestros hijos, por nuestros hermanos. Que Dios nos ayude, por intercesión de san Pedro, a ser mejores familias, que busquen siempre, con amor, la felicidad de sus integrantes…

Catequesis Petrinas, 2ª Parte
Comunión: Familia, Comunidad, Iglesia
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2014


domingo, 14 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 2014, 03: Unidad en la Familia

"Al final del día, antes de dormir, dáles un beso a cada uno..."

¡Uf! Este año venimos rudos, ¿cierto?
    Antier miramos una realidad muy cierta: fuera Dios, al diablo con los demás… ayer reflexionamos sobre la falta de unidad en nuestro pueblo. Hoy, hoy nos vamos más leves… hablemos de cosas bonitas: tu familia…
     Si tu familia está aquí, celebrando con nosotros, obsérvala detenidamente. Si no está aquí, piensa en todos y cada uno de ellos.
     Empecemos con tus papás… ¿los quieres, no?, al final, tú eres lo que eres y tienes lo que tienes por ellos. Ellos te dieron la vida. Ellos te mandaron a la escuela y hasta al catecismo. Ellos te han hablado de Dios, ellos te han dicho que te portes bien, aunque ya seas mayorcito… ellos, tu papá y tu mamá…
     Mira ahora, o piensa, en tus hermanos y tus hermanas… has crecido con ellos, has jugado con ellos, juntos fueron a la escuela, juntos han hecho pachangas muy buenas y prendidas… con ellos has hecho travesuras, y con ellos te has peleado muchas veces. Pero aquí están, contigo ahora mismo, o en tu pensamiento. ¡Qué divertido ha sido ser hermanos! Ellos, tus hermanos y tus hermanas.
     Aquí está tu pareja, o al menos en tu pensamiento. Tu esposo o tu esposa, tu novio o novia, tu pareja. ¿Recuerdas la primera vez que se vieron, o que se hablaron? ¿Recuerdas tu primer beso y tu primera caricia?... él o ella… tu pareja.
     Ahora vamos con tus hijos. Esas preciosas y tiernas creaturas de Dios. ¿Te acuerdas de cuando te enteraste que venían al mundo? ¿Recuerdas la primera vez que les tuviste entre tus brazos? Mira todo lo que has hecho por ellos… mira hasta dónde has llegado con ellos y por ellos… son tu vida y tu corazón. Ellos, tus hijos.
     Brevemente ahora, piensa o mira, según el caso, en tus abuelos, tus tíos, tus primos, tus cuñados y cuñadas, tus yernos y tus nueras, tus compadres y comadres. Todos forman parte de una misma familia: tu familia. Pon en tu mente el mejor momento de tu vida con todos y cada uno de ellos… ellos forman parte de tu vida. Están contigo: en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en los terremotos y las inundaciones, en los triunfos del Tri y del América… todos ellos, tu familia.
     Claro. Somos seres humanos, y así como hay muchas cosas bellas, también las hay terribles. Así como ha habido grandes alegrías, así ha habido grandes tristezas. Así como has celebrados nacimientos, has velado a tus muertos. Así como has reído con ellos, también has llorado por ellos.
     Con la familia hay momentos buenos y malos. Pero son tu familia, son parte de ti y tú de ellos. Así vivió también Jesús. El Hijo de Dios también tuvo familia. Le vieron nacer, le cambiaron los pañales, le vieron crecer y aprender día a día tanto las primeras letras, como las primeras oraciones. Le enseñaron a amar a Dios, su propio Padre. Y algunos de sus familiares también le llamaron loco y un día quisieron matarlo… Pero Jesús los amó y nos enseñó con ello a amar también nosotros a nuestra familia.
     Hoy, cuando regreses a casa, no digas nada, no te pelees ni busques bronca… simplemente cena en silencio, dale gracias a Dios por todos y cada uno de ellos. Y al final, antes de dormir, dale un beso a cada uno y diles: Gracias por estar aquí, por ser mi familia. Los problemas no se acabarán, seguirán ahí mañana que te levantes, pero verás con cuanto amor podrás enfrentarlos, teniendo siempre presente el amor que tienes por tu familia, y que ellos también tienen y sienten por ti: aquí y ahora.

Catequesis Petrinas, 2ª Parte
Comunión: Familia, Comunidad, Iglesia
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2014


sábado, 13 de junio de 2015

Catequesis Petrinas 2014, 02: Empezar a hacer Comunidad

"Primer nivel para empezar a hacer unidad: Ser Familia"

Ayer decíamos que hoy tenemos dos problemas fundamentales, de los cuales se desprenden todos los demás: No queremos a Dios, y todo lo queremos para mí solito… y te preguntaba: ¿Quién eres tú solito, sin los demás y sin Dios?
     Mira ahora al que está a tu lado: ¿le conoces?, pero enserio, verdaderamente, ¿sabes con quién estás?
     Esto te lo pregunto porque, aquí y hoy, nos estamos esforzando en unirnos. ¿Cómo voy a querer a Dios, a quien no veo, si no quiero al otro, a quien sí veo?
    Estamos preparando la fiesta patronal de nuestro pueblo, de nuestra pequeña comunidad eclesial: San Pedro Apóstol, que está en San Pedro Atzompa. Pero, seamos realistas. Nuestro pueblo hoy está divido, seriamente dividido. Los originarios de los que llegaron después, los cristianos católicos de los protestantes, los que son ejidatarios de los que no lo son, los de una iglesia protestante de los de otra iglesia protestante, los de un partido político de los de otro partido político, los del América de los del Chivas, los que vienen de Michoacán de los que vienen de Oaxaca, los que viven en el centro del pueblo de los que viven en las colonias, los que viven en San Pedro de los que viven en Ojo de Agua u Ozumbilla… en fin: profundamente divididos.
   Y esta división ha generado mucho odio y mucha discordia. Miremos nuestro pueblo, sus calles, su gente: hoyos, topes y baches por doquier; las calles sucias; gente que no se habla; familias separadas y disfuncionales; madres solteras; mujeres golpeadas y muy lastimadas; niños y jóvenes abandonados; hombres y mujeres borrachos; y tantos ladronzuelos, drogadictos y “narcomenudistas”, aquí, entre nosotros…
    Vuelve a mirar ahora mismo al que está a tu lado: de verdad, ¿le conoces?, ¿sabes con quién estás?
   Los que estamos reunidos aquí esta tarde nos decimos cristianos; decimos que pertenecemos a la Iglesia, que creemos en Dios, que somos bautizados… pero, ¿somos eso, realmente? Sí, lo somos. Que no actuemos como tales, eso es otra cosa.
   Cristo vino al mundo para decirnos, entre todas las cosas que nos dijo, que Dios quiere que seamos felices, verdaderamente felices. Y nos enseñó el cómo lo lograríamos: Jesús no se hizo solo. Dios se encarnó, se hizo hombre y vivió, primero en una familia… José, María, Jesús… y como en estos tiempos, igual en aquellos, muy seguramente la Sagrada Familia no se reducía a Tres… sino también a sus abuelos, a sus tíos, a sus primos, a sus sobrinos… una familia como las de hoy en día, como las de nuestro pueblo…
    Primer nivel para empezar a hacer unidad: Ser Familia… F-A-M-I-L-I-A… y familia cristiana…
     ¿Cómo es mi familia? ¿Quiénes forman parte de mi familia? ¿Qué nos hace estar alegres en familia? ¿Qué no me gusta de mi familia? ¿Con quién, de mi familia, estoy enojado?
   Pero basta por hoy… mañana pensaremos en la familia…

Catequesis Petrinas, 2ª Parte
Comunión: Familia, Comunidad, Iglesia
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2014


viernes, 12 de junio de 2015

Catequesis Petrinas, 2ª Parte, 2014: Introducción y La Comunión

¿Qué es vivir con otros, para qué vivir con otros?

Introducción
     Empiezo hoy a publicar las Catequesis Petrinas utilizadas el pasado año 2014. Por alguna razón que no recuerdo, no conservo el documento final, que incluía citas bíblicas, así que, esta segunda parte carecerá de ellas; me disculpo.
     El Objetivo de estas nueve catequesis que siguen fue promover la Unidad y Comunión en la Parroquia. Hablo poco de San Pedro, pero, de una u otra forma, están relacionadas con su mensaje, especialmente en sus dos cartas que conservamos en la Sagrada Escritura.
   Una pequeña advertencia: estas catequesis vienen algo "fuertes". No malinterpretes, sólo piénsalas, medítalas y óralas... toma de ellas lo que te sirva... lo demás, simplemente deséchalo.
     Ojalá las disfruten tanto como las pasadas, y espero también, que aporten algo a tu vida, como aportaron a la mía...
Saludos y Bendiciones... y aquí la primera.

¿Qué serías tú solito...?

1. Comunión
Piensa un poco y contesta esta pregunta: ¿Qué es vivir con otros, para qué vivir con otros?
     Comunión, comunidad, unidad… Curiosos términos. Los usamos tanto, y sin embargo, creo que poco conocemos su uso.
     La Iglesia es asamblea, y asamblea implica comunidad. Comunión-Comunidad. Jesús llamó a los que quiso, y los llevó paso a paso al encuentro, a la unidad, a la comunión.
     Hace un año, estuvimos meditando acerca de nuestro santo patrono, San Pedro Apóstol, a quien Jesús mismo confió la edificación de la Iglesia, la gran asamblea de llamados a la Vida… este año miraremos cuál ha sido el resultado de esa misión: Hacer Iglesia.
     Ante todo, que quede claro, no se trata de ser Iglesia por ser Iglesia, no es cosa de conveniencia ni de tradición, no es cosa de “dogma” o incluso de poder… se trata de la Felicidad: tu felicidad y la de los tuyos.
     Muchas veces hemos dicho que el problema de hoy es que la gente busca solamente el tener muchas cosas para vivir con comodidad; que busca sentirse bien y sentir bonito, que todo sea fácil, simple y rápido; y le gusta que todo mundo escuche su opinión, esté bien o esté mal, sea cierto o sea falso no importa, sino simplemente decir lo que quiero decir y ser escuchado siempre…
     No. En realidad esos no son el problema de hoy. El problema de hoy son, en realidad, dos problemas. Ya no queremos a Dios en nuestras vidas, porque nos estorba. Nos estorba para tener, para sentir bonito y para decir todo lo que queremos decir. ¡Dios fuera!: Primer problema.
    El segundo problema, que se deriva del primero, es que todo lo que queremos es sólo para uno mismo: yo, todo para mí. Se llama egoísmo, es decir, pensar que soy el centro del mundo y que todo el mundo debe estar por entero a mi disposición. ¿Y los demás? ¡Al diablo con los demás!
     ¿Suena fuerte? Sí, y muy fuerte. Pero es la realidad: Todo sin Dios, y todo para mí.
     ¿Y entonces, para qué todo esto? ¡Pues por eso! ¡Para mí! ¡Hasta Dios!: Dios para mí, mi “misita”, mi difuntito, mi 1ª comunión, mi fiesta, mi “virgencita”, mi “santito”, etc… Estamos cerca de la fiesta patronal, sí. Y queremos celebrarla, sí… Pero, quiero mis “mariachis”, mi “mole”, mi “fiesta”, mi “procesión”… ¿Y los demás? ¡Al diablo con los demás!: al diablo con mis vecinos, ¡yo cierro la calle!; al diablo con las autoridades, ¡yo puedo hacer lo que me venga en gana!; al diablo con el pueblo, ¡yo quiero mi terrenito, mi drenaje, mi agua, y quiero la basura fuera de mi casa!; al diablo con la Iglesia, ¡yo quiero mi fiestita! Ahora mismo, fácil y rápido, que llevo prisa…
     ¿Qué no hablábamos de comunidad? Por hoy basta: llévate estas cosas a pensar y mañana… mañana será otro día y podremos hablar de que tú solito no puedes hacer nada: realmente, ¿Qué serías tú solito sin tu pareja, sin tu familia, sin tu comunidad, sin tu pueblo, sin tu Iglesia? ¿Qué serías tú solito, sin Dios?


Catequesis Petrinas, 2ª Parte
Comunión: Familia, Comunidad, Iglesia
Locum Invenire Locum Meum in Caelo
Alfonso Maya Trejo, junio de 2014